Autómata (III)

Duerme en el desván
aquel creado
para reemplazarme
en la monotonía.
Su necesidad desapareció
cuando cayó la estrella
que me obligó a pensar
siempre en ella.
El mundo de colores
es demasiado bello
como para no apreciarlo
todo el tiempo.
Y aunque la rosa
tenga espinas,
vale la pena
lastimarse un poco los dedos.
Aunque en la vigilia
prólogo del sueño,
creo oír desde la oscuridad
lo que parece un lamento.
¿Me amenaza
desde las sobras
lo que creé

para cubrirme?