Lo lamentable de la belleza
es que sólo dura un instante. 
Es lo que a los mauristas
les gusta denominar
el efecto de las rosas.
Una rosa
sólo será La Rosa
durante un instante eterno.
Todas ellas quieren,
mas una lo logrará por un minuto
o dos
antes de comenzar a marchitarse.
Con las personas es lo mismo,
por algo somos mortales.
Es nuestro premio
y nuestro castigo esencial.
Hasta qué punto se crece
y desde cuándo se envejece
es algo que nadie puede saber
con certeza.
El mundo se apaga
un poco más cada vez que esto sucede,
los que pueden testificar
aseguran haber conocido el paraíso.
Es nuestro cruel destino,
se nos da sólo para entender
nuestra miseria
al perderlo.
Nuestro castigo
al esperar volver
al lugar
del que nos echaron.
Pero qué hermosas blasfemias
viven en algunas de mis flores,
que se creen dioses
por un pestañeo.
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