Es ese raro fenómeno, donde somos el espejo de alguien más. Nuestros gestos, nuestras palabras, nuestra forma de ser se funde con las del otro o al revés y somos un espejo. Luego sucede que el objeto ya no está y no hay nada que reflejar, pero por inercia pasamos a ser un eco, un eco distante de ese objeto/sujeto, que se apaga poco a poco. Y dudamos, porque quizá nunca existió ningún objeto, ni un espejo y no hay ecos, solo lo que nuestra conciencia no era y comenzó a ser, por alguna desconocida razón que no vive en la memoria. Esa extraña costumbre nueva, que sí vive en los gestos, en las palabras y en nuestra forma de ser.

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