Cada vez me cuesta más distinguir mis sueños de mis recuerdos. A veces dudo si he contado o no algo. Tiemblo frente a personas con las que apenas he hablado, vacilando con respecto a las declaraciones que les he hecho nunca. No hay lugar que no me sea conocido. No hay estrella que no me sea conocida. Si acaso vivo en dos mundos distintos, no entiendo cómo comparten los lazos que son las personas. Tal vez un día no despierte y viva para siempre con alguien que no existió jamás. Mientras me remito a las pequeñas cosas: un día soleado, un vaso de té helado y el paisaje que solo ofrece una rosa.

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