Estrellas, primavera y el sol de la mañana. Hay un par de dudas sobre la vida que me incomodan pero hay algo que sé con certeza: tú eres lo único que se compara al paraíso. No hay ya necesidades de Caínes, ni de frutas prohibidas, ni de serpientes lascivas. Lo único importante es el brillo de tus ojos, que no son rojos en la fotografía y el valor intrínseco de tu sonrisa, que no es fría.

Sólo falta saber cómo sigue. El mundo se puede interponer, pero no importa. Tus padres se pueden oponer, pero no interesan. Quizá no estés segura y eso me llena de preguntas, pero al fin de cuentas qué cosa es indiscutible.

Espero impaciente el momento de verte, de hablarte, de tocarte. Detesto partir después de un momento, puesto que las largas horas parecen menos que segundos en tu compañía. En algún lugar nos espera una vida tranquila; desechemos esa idea y vivamos con furia nuestra pasión, que si el amor es fuego debemos quemarnos los dos.

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