Es cierto,
vivir no es sencillo.
Día a día se nos somete
a infatigables pruebas.
Muchas veces culpamos
a un ente superior,
o al destino,
o al desgraciado azar
que parece dominar nuestras vidas.
Con ese marco,
la idea de acabar el juego
se torna imprescindible,
demasiado necesaria. 
Ah, pero nos estamos olvidando
de algunas cosas.
Debajo de las rocas,
hay insectos que encuentran
una manera de vivir.
En las profundidades del océano oscuro,
extrañas criaturas desconocen
lo que significa el sol,
pero allí están.
Incluso en las más lacrimosas elegías,
se agradece tener algo
que vale la pena añorar
luego de perdido.
Entonces,
las cosas no pueden ser tan malas,
si al cruzar la calle
o al observar el interior de tus ojos,
que son un abismo,
nos encontramos con un motivo para sonreír.
Es una rara suerte la que nos toca,
incluso en el peor de los desiertos,
un oasis nos puede esperar
detrás de la siguiente duna.
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