Entonces me sentí perdido
y comencé a ordenar los recuerdos
que se guardaban en aquel cajón
siempre cerrado.

Que tal foto allá,
ese regalo por allí,
ese libro acá
y ese poema olvidado,
ya sucio, ahí.

Mi curiosidad,
vieja trampa si las hay,
comenzó a inquietarse
al percibir cierto patrón.

Un rato
que se diluyó
como una nube en el viento
me dejó una inesperada revelación.

La suma de mis pasados
forman un rostro,
pero no el mío
ni el que imaginé.

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