Puede que,
de tanto imaginarte,
al verte te haya confundido
con uno de mis sueños.

El martes discurría
como la arena de las playas
acariciadas por el cálido mar.

Yo divagaba ebrio
de imágenes imposibles
que colmaban mi memoria
y tal vez mis palabras.

Entonces me perdí
en tus ojos claros,
como quien entra
en un intrincado laberinto.

Tu visita fugaz
dejó un halo en la habitación
durante un tiempo
en el que todos
permanecimos en silencio.

Desde ese día
vago detrás de la estela
que dejó tu visión.

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