Entre sueños


Los días se suceden
como las hojas
que caen de los árboles
en otoño.
Las noches dan origen
a fantasías sin dirigir,
o no siempre,
que nos dan
una versión alternativa
del mundo.
Épicos monstruos
nos seguirán por laberintos
en donde hay más de un Minotauro.
Tal vez seamos un nuevo Teseo,
u otra de esas innumerables víctimas.
Pero también podemos estar parados,
un instante después,
en un jardín de rosas
caminando de la mano
con aquella persona que amamos.
O amábamos
y ya no está,
pero no importa,
porque ahora el mar
es tormentoso
y parece que no va a salir el sol.
Y si la ola nos hace sentir diminutos
como una nuez en el océano,
se dificulta más si solos en un balcón
vemos llegar el fin desde el cielo.
Cabalgar en medio de una carrera
para alcanzar un trofeo,
con la multitud alentando,
no se compara a meter el gol
en último minuto, de visitante.
Contemplar el abismo en la cornisa
para que el abismo observe a nosotros.
Volverse a ver reflejado
en esos dos espejos
que son almas coloridas.
Despertar con la sensación
de haber vivido muchas vidas
y no tener nada.
Saber qué
en algunas horas,
se volverá a repetir.