Hoy fue uno de esos días
en que todas las personas
se ven absurdamente iguales
por las calles.
Algunos se me hicieron familiares,
pero fui incapaz de definir
el origen de esa incomodidad.
Las efemérides de mi vida
recuerdan que se cumplen
tantos años de hechos
ahora sin sentido.
Mientras mi agenda me tiraniza
con horarios incumplibles
y visitas protocolares
a Santos y Notables.
Los mensajes que llegan
no traen buenas nuevas
y uno siente la nostalgia
del evangelio y todo aquello
que perdimos al entender.
El gris de las veredas
se superpone con la colorida basura
que reside en ellas.
Una lata es pateada
como una pelota
y su repicar en el suelo
distrae a dos o tres transeúnte.
No hay hojas ni computadora cerca,
tendré que esperar hasta el anochecer
cuando las cadenas que me atan
se aflojen un poco.
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