Entre la indefinida cantidad
de palabras que el español ofrece
a la hora de expresarse,
tuviste que elegir las más dolorosas.
O quizá fue la
composición gramatical
que utilizaste
lo hiriente.
Un idioma que diferencia
entre querer y amar,
con capacidad para componer
imágenes poéticas
como: las estrellas se esconden
cuando tu sales de noche,
porque es como un nuevo sol
que las eclipsa.
Y sin embargo,
seleccionaste un conjunto
de lugares comunes,
como: necesito un tiempo
para pensar;
es mi culpa, no tuya.
Me miraste a los ojos
y en vez de decirme
que los abrías cada mañana
esperando encontrarte conmigo,
me dijiste que aquello
que una vez sentimos
ya no existía.
En vez de festejar mi llegada
con frases de bienvenida,
cual caballero de cuentos,
me despediste con un somero
adiós sin beso.
Tal vez tenga
una visión sesgada de los hecho,
pero te prometo un diccionario nuevo
para la próxima vez que nos encontremos.
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