El ave que volando cerca del cielo se incendia, nosotros en el suelo lo vemos como el Fénix en resplandeciente vuelo. Tantas veces cometemos este error, que ignorantes de tal hecho, admiramos fantasmas de gloria infinita que nunca existirán sobre o bajo el mar. Estallan las ofertas de salvación en cada mirada. Pero la prudencia muchas veces, por suerte, nos detiene, mas en algunas ocasiones esto no ocurre e irremediablemente abordamos un barco destinado a hundirse. Seguiremos entonces esperando, como los judíos, a que llegue nuestro Cristo, sin saber, quizá, que cada uno puede ser su propio Mesías y cada uno puede ser el capitán de algún mágico Titanic. A no desesperar, la vida suele ser un juego que nos da muchas sorpresas inesperadas.

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