La mentira es mucho más bella que la verdad. Ésta es la realidad, cruda y cruel. Aquella, en cambio, es una reconstrucción abstracta de algo que no existe, una invención donde la imaginación muchas veces vuela libre, sin limitaciones. Tiene mucho en común con la literatura, donde se recrea una ficción. En la mentira, como en letras, hay mucho de vanidad también. Quizá es esa sensación de crear un mundo, de dar vida, que nos pone un momento en igualdad con Dios.

Si somos algo, inevitablemente, somos la mentira de Dios, la alternativa a su realidad. Nosotros, invenciones imaginarias, no tenemos la capacidad de distinguir en nuestra sombra en dejo de realidad celeste, lo que para nosotros es Fe o, tal vez, una mentira. Aunque por supuesto, la mentira es relativa, como la verdad, de la realidad que nos toca vivir.

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