Todas las palabras que me esperan para ser escritas y que están guardadas en el inhóspito desierto de mi corazón, sólo poseen una respuesta y estoy seguro que no es la que busco. Pues no hay solución a mi problema, o a mis problemas.

Desde el cielo caen esas lágrimas, que como dagas penetran mis vestiduras y me hielan la piel. Son, todas ellas, un extraño espejismo de lo que significa ser persona, de vivir, de sentir y sufrir.

Hay un par de lugares que me esperan pero que desconozco. Hay una o dos personas que fueron cruelmente castigadas por mi causa. Hay una armadura que me condena y una máscara que dice ser yo.

En mi órgano vital, donde la lluvia es recia y se esconden los mapas de mis destinos, muchas personas viven más allá de sus propias vidas. Un espejo se ríe y mi reflejo me aterra, me he convertido en mi mejor enemigo.

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