Aunque no me crean,
hay una traidora
entre nosotros.
Lentamente se ha colado
por las ventanas
y puertas abiertas.
Nos ha susurrado
al oído palabras vanas.
Ha abusado de nuestra esperanza.
La traidora está entre nosotros.
Pero de un momento a otro,
después de engatusarnos
y convencernos
nos traiciona
dejándonos a nuestra suerte.
Puede cambiar la forma,
pero a todos nos abandona.
Ya sea con nuestro cabello de plata,
recostados en el último lecho.
O después de una larga
y dolorosa enfermedad.
O ante la sorpresa
de dos luces viajando
veloces en la noche.
O burlándose
en el sabor de la cicuta.
Riéndose de nosotros,
observándonos en el Gólgota.
O esperando en Kuśīnagara.
O burlándose
cuando nosotros gritamos:
“¡Tu quoque, fili mi!”
Como también se burló
cuando conquistamos el paraíso,
o llegamos a sus muros.
Ya les he dicho,
ella nos traiciona,
irremediable
y nos deja desnudos ante la muerte.
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