Los libros se terminan
como se termina la vida,
con la tristeza del final.
Se publican y dejan de ser nuestros,
pero se perpetúan los errores
que vivirán hasta la última edición.
Las reacciones serán muy divergentes,
entre felicitaciones e insultos,
nunca faltará el necio sin capacidad
que intentará juzgar algo que escapa de su imaginación.
También se terminan los amores,
culminación de una historia
y leña para la creación artística.
Las palabras a veces abundan,
pero al fin de cuentas,
no alcanzaron para evitar
el comienzo de este poema.
Muchos dirán que fue un error
comenzar lo que terminó
y creó este libro que ya termina.
Yo diré que nunca es un error
algo que al morir deja un cadáver
combustible de algo nuevo.
Nunca es un error lo que nos hiere así
porque significa que importó,
por más que duela
y duela
y duela…
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