En el bosque,
entre las sombras del pasado
y del olvido,
se encuentran las ruinas de un castillo.
A veces los animales,
revuelven las rocas ya gastadas
por el tiempo
y se regocijan en tesoros que no entienden.
¿Quién habitó
aquella grandeza
y aceptó sin luchar
que desapareciera?
Algún desconocido
husmeará entre los restos
y en un fútil intento
explicará vanas razones.
Se dibujan formas en el suelo,
producto de la tenue luz solar
que penetra el cuantioso follaje.
Una flor crece
entre los escombros de la destrucción
y sueña con que al madurar,
verá el lugar con todo su antiguo esplendor.
Los símbolos no pueden morir,
las piedras que caen
siempre se pueden volver a acomodar,
la flor lo sabe
y el rayo de luz que juega,
le da la razón.
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