El camino se extiende
de una punta del horizonte
a la otra
y parece que nunca va a terminar.
Las piedras dificultan el camino
y en la memoria retumban
esos rumores de una anciana
preguntando qué pasa
de este lado del mundo.
Las veces
que fuimos víctimas
de alguna sublevación
que se transformó en una revolución.
El aburrimiento que genera
ya no poder sorprender,
ese hastío que sofoca.
Es cierto lo que dicen los demás,
nos llevó la impericia
a una derrota profetizada
por todos.
Y son esas profecías
que quizá también vimos nosotros
las que ahora nos hacen vacilar.
¿En qué momento
nos dejamos llevar
por algo más allá
de la realidad?
Nuestro desierto actual,
puede pronosticar
un largo temporal
de viento y tierra.
Para complejizar
aún más
la situación,
todo llorará menos el cielo.
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