El flanco de la cama
es el horizonte de un mundo rectangular
y tus piernas flexionadas
una montaña a escalar.

Descarto la idea
de estar sostenido
por cuatro elefantes gigantes
y trato de enfocarme
en el tacto del alpinista.

Hasta llegar a la rodilla,
esa cumbre a la distancia,
mis dedos recorrerán,
con exagerada lentidud,
palmo a palmo.
.
El tiempo pasará
y las estaciones dibujarán
nuevos colores en el cielo,
pero ellos guardaran por siempre
la memoria de ese suelo.

Una vez alcanzada la cima,
solo resta el descenso
por la ladera contraria,
pero esa ya es otra historia.

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