Se mece tranquila en el aire
mientras desciende
a la velocidad de una lágrima
en una mejilla seca.

En su abismo
están los compases del tiempo
y el sonido de los pasos
de una dama ignorada.

Una rosa
la acompañaba con la mirada,
sabiendo que el destino de la hoja
es un presagio de su futuro.

Mi piel
le susurra a mis nervios
que el frío está aumentando,
pero mi cerebro decide ignorarla.

Me dejo caer,
la brisa me termina de despeinar
y el olor a tierra húmeda
me dice que estoy lejos de los hombres.

El cielo gris
me distrae por un momento
y cuando vuelvo a buscar
la hoja que planea
ya no la encuentro.

Su desaparición,
sin quererlo,
me recordó todo lo que he perdido.

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