Ella le sonríe y festeja
con cierta ternura
un chiste sagaz.

Él no dice nada y mira el suelo,
pero en el fondo acaricia
el pelo de un niño pequeño.

Un niño
que se maravilló a los 3 años
al ver el dibujo de un dinosaurio.

Qué se conmovió al entender
la inmensidad del universo
o lo minúsculo de nuestra especie.

Un niño que soñó
con sus ancestros
y que imaginó generaciones
de descendientes.

Un niño que entró al río
y que cuando salió
entendió que ya no era el mismo río
ni él el mismo niño.

Él no le dice nada a ella,
pero a ese niño
trata de tenerlo
siempre cerca.

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