Veo su largo pelo oscilar
mientras se marcha,
quizá esperando alguna palabra mía
para darse vuelta y regresar.

Pero esa palabra nunca llega,
porque el péndulo de su cabello
me tiene hipnotizado.

Me fascinan las pequeñas derrotas,
esas que son un puñal
que sirve para aprender.

No es que me guste perder,
no hablo del Día D o de Waterloo,
solo de una pequeña escaramuza
que deja un mal sabor de boca.

Aunque tras cerrar la puerta
me sentí el Minotauro
que espera a un Teseo
que no llega.

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