Puedo decir que te amo
y te extraño
o que desde tu partida
el sol ya no brilla
y las rosas de mi jardín
se han marchitado.
Soy capaz de afirmar
que el mundo
se derrumba
a mi alrededor
y que el cielo
palidece de tristeza.
Hasta diría
que las sombras
me han absorbido
y que la tierra
que piso no es firme.
Tal vez se me escape
que llueve dentro
y fuera de mi casa,
incluso cuando
mis ojos se cierran.
Sólo difieren mis dichos
en que la metáfora
es una bella manera
de expresar el dolor
públicamente.
Sólo me quedan
las dos o tres
certezas
que acabarán conmigo.
Tan sólo el recuerdo
de una despedida
tras el cristal empañado
de mi memoria.
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