El destino que nos une no es casual, sino más bien causal. El cielo palidece ante tu presencia, en mi cabeza. No hay, entonces, otra sombra que oscurezca la conciencia, ya maltrecha de mis certezas.
Las verdades se han desvanecido, de a una y poco a poco, en lo largo del camino, cuya Roma (tú) es objetivo. Brilla un espejo en el suelo. Es mi memoria, o los recuerdos, que distorsionados dejaré para la historia.

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