Moví el peón y mire sus ojos. Estaba totalmente concentrada en el juego. Yo, en cambio, no estaba en ese lugar. Mi mente divagaba lejos, juntaba palabras, armaba frases… Las piezas viajaron y murieron, una por vez.
Intente enfocarme, se podía predecir el final. Su reina estaba muy cerca de mi rey. Tantas cosas quería decirle, pero no era el momento. No, no era.
¿La revancha? Idéntica. Creo que en ningún momento me noto a su lado. Por otra parte, la caída de mi caballo y la corrida para proteger a mi rey, la tenían desconcertada. Supongo que no esperaba cosas alocadas de mí. La verdad, no pensaba lo que hacía. Yo seguía lejos.
Nuevamente la reina estaba peligrosamente cerca, mire el tablero y vi, en tres o cuatro movimientos, mi final irremediable. Mi turno. Tiro el rey. Mejor retirarse con un poco de honor, que perderlo todo por obstinación.

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